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Lola, una vida de Cuento
Mucha gente me había dicho lo
bonito que podía ser el amor, pero… yo no veía por ninguna parte la belleza de
ese sentimiento. ¿Cómo la iba a ver..? si una vez tras otra, me había defraudado más de un hombre que se
hacía pasar por mi principe azul y terminaba siendo un verdadero sapo de
charca.
Me llamo Lola, y soy del sur de Carmona, gitana de tronío, con unos ojos negros que quitan el “sentío”, soy muy coqueta y casquivana, y cuando ando no ando, rompo el suelo con mis pies de fandango. Mi madre, “La Mora del puerto”, a la que le costó Dios y ayuda parirme, ya que vine enseñando el culito y zapateando, siempre me inculcó que las mujeres deben ser libres e independientes, que tienen que hacer lo que les venga en gana desde que se levantan hasta que se acuestan ¿Y cómo se consigue eso? Pues no dependiendo de un hombre, sino de un tipo forrado de millones y eso bastará para hacerte feliz. -“Eza es la única libertá, mi niña, un bicho con mucho parné”, -me decía mi vieja. Si os digo la verdad , tuve una infancia feliz. Hasta los trece años mi techo fue el cielo de Andalucía, yo viajaba con mis padres de feria en feria y de mercadillo en mercadillo. Era la niña mimada de todos los puestos. Y como tenía mucho “jarte” había veces en las que me arrancaba a bailar, cantar y tocar las palmas, sacando un dinerillo extra pá la familia. Ahí, y a muy temprana edad, fue donde pude probar por primera vez el amargo y traicionero sabor del amor con unos payos a los que sólo les importaba - “miz ojazo” y mi contoneo al bailar - “dixo” finamente. Pero… cuando yo sucumbía a sus deseos, ellos desaparecían con una burlona sonrisa de satisfacción dejándome plantá, descompuesta y sin trono. Y así es como pasé el resto de mi adolescencia, llorando por “toas” las esquinas, soñando despierta en mi pueblo natal sin perder la esperanza. Mi padre, payo, llamado Fermín (aunque todo el mundo le conoce como “El tomates” por sus ojos colorados a fuerza de darle gusto al gaznate con el moriles), harto de tanto verme sufrir me proveyó con consejos más espirituales. Me incitaba a practicar una vida sana, con amigos inteligentes, con los que pudiera hablar y forjar una gran “amistad”. -“ Nena, tú con ese zalero– me decía mi padre- “te metez en la caza eza del Gran Hermano, y te hazes famosa, y luego te vas por las reviztaz pa´ que te echen fotos en pelota picá, y tú te forrá, y yo de manáyer… y nos pudrimos de pasta con tu palmito” Con esta sólida educación y con la esperanza algo amedrentada, me fui de mi chabola de Carmona, dispuesta a comerme el mundo y seguir los consejos de mi sabio padre. Así que me presenté a los casting de “Gran Hermano” y me seleccionaron, pero una semana antes de comenzar el programa conocí a un Hippy trasnochao que vendía camisetas en el rastro. Era un inglés, rubio, de ojos azules y el mismo diseñaba las camisetas que vendía. Se llamaba Henry. Y fíjense ¡Lo que es la vida!, me volví loquita por aquel lánguido hijo de la Gran Bretaña que solo tenía una vespa y una buhardilla. Al contrario de lo que me habían enseñado mis padres… pero el amor…el amor es así de tremendo. Fue a partir de entonces cuando empecé a descubrir la belleza de este sentimiento. Por primera vez en toda mi vida, no sentía hipopótamos en el estómago…tenía las famosas mariposas revoloteando por todo mi ser… Rápidamente desaparecieron de mi cabeza: los ricos ,los yates, la casa de Gran Hermano.., sobre todo cuando Henry me dijo: “I Óle you”. Y así es como comenzó mi renovada “Yo” en Madrid, en un puesto del rastro vendiendo camisetas y durmiendo en una Buhardilla. Pero la vida es una caja de bombones… Está llena de sorpresas. El caso es que un día, le dije a Herny que las camisetas eran muy sosas, muy esaborías, que había que darles un toquecito de color, un chispa de alegría. Empecé a garabatear diseños y Herny los estampaba. ¡ Fue un exitazo! Vendimos todo el género. Henry llamó a su banco en Londres y les pidió un préstamo para seguir produciendo mientras yo seguía plasmando todo mi arte sobre las camisetas y…¡Ay primo! ,¿será la pasión la que hace y nos da la felicidad?, en muy poco tiempo todo el mundo quería las camisetas “I Óle you”, nombre de la empresa en homenaje a la frase de amor de Henry. ¡Y mira tú por donde!, que sin salir en pelota picá mis sueños empezaron a formar parte de mi realidad ¿será que los sueños son deseos que nacen en el corazón y que el amor se los termina concediendo?¡no sé primo! Sólo sé que… gracias al amor, a Henry y a mi buena amiga Carmen “La-Mona” que, por cierto, es super ideal, como dicen lo de la jet, me he hecho diseñadora de aquí mi marca, “I olé you”, hecha con la única intensión de alegrar vuestros vestidores. Porque como dijo mi amigo Yulios Church : ¡¡¡¡ amo España, ouyeeaa!!!!. ¿Lo he diso bien? “Y ustedevosotro os preguntaréis: ¿Qué es eso de “I olé you?.... |